
Quien soy
Soy Florencia Moyano, actriz, creadora de contenido y una apasionada por el arte en todas sus formas. Mi viaje comenzó en el mundo del patinaje artístico, donde con esfuerzo y amor por el deporte llegué a ser una gran figura mundial. Hoy, mi vida ha dado giros inesperados: desde patinar en escenarios internacionales, actuar frente a cámaras, y reinventarme en el mundo digital, hasta enfrentar crisis personales que me enseñaron a redescubrirme y vivir desde mi esencia. Cada paso en mi vida es una prueba de que, cuando seguis tu pasión, las posibilidades son infinitas.
Mi historia
Soy Florencia Moyano, tengo 28 años y hoy me dedico a la actuación, el modelaje y la creación de contenido. Pero mi historia comenzó mucho antes, en una pista de patinaje, a los cinco años. Junto a mi hermana, en el garaje de nuestra casa, descubrí el patinaje artístico, que pronto se convertiría en mi pasión y en mi gran escuela de vida. Aprendí que el verdadero éxito viene de la constancia, el sacrificio y la fe en uno mismo. Desde los ocho años, comencé a avanzar muchísimo en el patinaje, y a los 14, representé a Argentina en mi primer Mundial, logrando ubicarme en el 4 puesto. Vivir esa experiencia fue un sueño, algo que llevé con orgullo en cada giro y salto. Sin embargo, el camino fue duro: Mi vida era estar adentro de un club, hacia 3 disciplinas en patinaje, mas danza clásica los domingos, doble turno de patinaje los sábados, mas clases especiales, entrenamiento físico y el colegio.
Desde el 2011 al 2015 fui de la Selección Nacional de Patinaje Artístico, entre los muchos logros que obtuve, me consagre campeona regional, nacional, sudamericana, medalla de plata en los World Games, (juegos olímpicos) y medalla de bronce Mundial. Fueron momentos de gloria representando a mi país, aunque en un deporte que cuenta con poco apoyo. Mi familia fue mi mayor sostén, y juntos logramos que me mantuviera en ese camino, a pesar de los desafíos económicos que enfrentamos. Después de varios campeonatos nacionales e internacionales y de haberlo dado todo, una lesión en mi último mundial me hizo replantear mi vida. Decidí cerrar ese ciclo y comenzar uno nuevo.
Con esa etapa atrás, el destino me llevó a un nuevo escenario: la actuación. Comencé a trabajar en Disney Channel como doble de la protagonista en Soy Luna. Descubrí en la actuación una nueva forma de expresarme, y esa primera experiencia me marcó. Soy Luna fue mi escuela para las cámaras, los sets y para trabajar en equipo, y fue también la puerta de entrada a un mundo que me mostró una nueva faceta de mí misma.
Luego llegó la oportunidad en Combate Argentina, donde pude conectar con la gente desde un lugar distinto. Allí, me acerqué a un público que me acompañó en cada desafío y que me vio crecer. Después de Combate, seguí abriendo caminos, trabajando en producciones teatrales y colaborando en proyectos que me enseñaron a dar todo en el escenario. Así llegó la oportunidad de trabajar en teatro bajo la dirección de Flavio Mendoza, una experiencia que me permitió fusionar el arte y el espectáculo, y que me desafió a seguir creciendo y a explorar mi creatividad.
A los 22 años, surgió una oportunidad única: irme a Filipinas con un contrato en el mejor hotel casino del país. Tomé el riesgo de irme a miles de kilómetros de casa, en una experiencia que fue enriquecedora y, al mismo tiempo, un gran desafío. Aprendí a valorar el sacrificio y la resiliencia que implica estar lejos, en una cultura distinta, con 12 horas de diferencia de horario, lejos de todo y de todos y llena de lecciones de vida que me transformaron para siempre.
Regresé a Argentina en plena pandemia, y como para muchos, fue un tiempo de introspección y transformación. Pasé por momentos difíciles y tuve que enfrentar relaciones que me llevaron a cuestionarme profundamente. Fue una etapa de transformación, pero también de gran aprendizaje. Me volqué a lo que siempre me dio fortaleza: Mis redes sociales. Luego me fui 6 meses a Miami, en donde me case a los 24 años con mi pareja de aquel entonces, y comencé una etapa bastante difícil de mi vida en donde ésta, me puso a prueba. Sin saberlo, todas estas situaciones y crisis existenciales me estaban empezando a preparar para lo que vendría mas adelante...
La experiencia que más me transformó, y que también sacudió mi mundo como nunca antes, fue la que viví en El Hotel de los Famosos.
Cuando entré al programa, no imaginaba que se convertiría en la etapa más dura de mi vida. En ese lugar, me enfrenté a situaciones de abuso psicológico, físico y emocional que me sobrepasaron y en donde se pusieron a prueba mi estabilidad emocional como nunca antes. Me vi atrapada en un ambiente en el que la exposición, la manipulación y el acoso fueron constantes, y llegué a un punto de una vulnerabilidad extrema en el que ni siquiera me reconocía. Me sentía atacada y juzgada, sin una red de apoyo ni un espacio seguro para procesar lo que estaba viviendo.
A raíz de esa experiencia, caí en una seguidilla de situaciones tantos físicas como mentales. Perdí el sentido de quién era, y los efectos de lo que viví en el hotel continuaron afectándome aún después de haber salido de allí. La ansiedad y el dolor eran parte de mi día a día, y la lucha por reconstruir mi autoestima y recuperar mi paz mental fue ardua. Hubo momentos en los que no encontraba fuerzas para seguir, en los que me cuestionaba si todo valía la pena.
Los comentarios de otros, la revictimizacion y el juicio constante hacia mi hicieron que dudara de mi valor como persona, llevándome a un lugar oscuro del que pensé que no saldría. Sufria de mi panza, de ansiedad, de depresión, se me caía el pelo, tenia trastornos alimenticios y ataques de pánico entre otros. Mi vida ya no tenia sentido, había perdido por completo mi luz que siempre me caracterizó. Pero cuando ya estas en el fondo, y no tenes mas para donde ir, solo queda empezar a subir.
En medio de todo, me aferré a mi propia fortaleza y comprendí que el dolor también puede ser un motor para el cambio. Acepté que tenía que sanar desde adentro, que necesitaba recuperar mi autoestima y mi amor propio, y que nadie más podía definirme. Me sumergí en un proceso de autoconocimiento y sanación que, aunque fue largo, me enseñó a valorarme desde un lugar profundo y a no depender de la aprobación de nadie.
Hoy, miro hacia atrás y veo todo lo que superé con orgullo. Encontré una paz que viene desde adentro y una resiliencia que es mi escudo. Mi experiencia me enseñó que, aunque el dolor y la adversidad puedan desmoronarnos, también nos dan la oportunidad de reconstruirnos de manera más fuerte.
La verdadera grandeza está en levantarse una y otra vez, en abrazar cada experiencia como una oportunidad para ser más fuertes, y en recordar que somos valiosos tal y como somos.
Mi deseo es que, al leer mi historia, encuentren la motivación para enfrentar sus propios desafíos y confiar en que siempre hay una luz dentro de nosotros que nos guía, incluso en los momentos más oscuros.